Un pavimento se elige por lo que va a recibir encima
Antes de hablar de espesores o acabados conviene responder tres preguntas concretas: qué sustancias caen al piso, cuánto peso circula sobre él y quién lo va a limpiar cada día. En naves industriales y laboratorios peruanos esas respuestas cambian mucho de una planta a otra, y de ahí salen decisiones distintas.
La resistencia química no es un valor único. Un epóxico que aguanta aceites y soluciones de limpieza habituales no se comporta igual frente a ácidos concentrados o solventes específicos. Por eso el punto de partida es la lista real de productos que se manipulan, no una ficha genérica.
La continuidad sin juntas visibles ni uniones entre paños resuelve dos cosas a la vez: la limpieza comercial deja de depender de cepillos que entren en ranuras, y las condiciones higiénicas mejoran porque no quedan puntos donde se acumule residuo. En alto tránsito, esa superficie uniforme también reduce el desgaste irregular del piso.
La señalización sigue la misma lógica. El amarillo de tráfico aplicado con pintura de poliuretano sobre piso epóxico mantiene su visibilidad durante más tiempo que una pintura convencional, algo que importa en pasillos, zonas de carga y áreas restringidas donde los montacargas circulan a diario.
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